Cada prenda está pensada para acompañarte en largas jornadas, entre guardias, pacientes y desafíos diarios.
Para mantenerla impecable por más tiempo, lavala con agua fría, sin blanqueadores ni suavizantes, y secala a la sombra. Si necesitás plancharla, hacelo del revés y con temperatura baja.
Así, el color, la forma y el confort se conservan como el primer día. Porque tu ambo también trabaja a tu ritmo —y merece el mismo cuidado que vos ponés en los tuyos.

